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miércoles, 17 de enero de 2018

9. La adolescencia y la juventud

A los quince años empecé el Bup y los dos primeros años me fueron bastante mal. El tercero mejoré porque ya iba por letras. El Cou me costó mucho pero lo aprobé y pasé la selectividad a la primera. En estos años también salía poco y tuve amistades sin compromiso. Después decidí estudiar secretariado en dos años y otro más en que estuve solamente estudiando idiomas: inglés, francés y alemán. Entonces fue cuando empecé a salir con mi marido. A continuación encontré un trabajo que sólo me duró seis meses porque se mudaron a Coslada .

Busqué y encontré otro trabajo cerca de casa, pero éste no me trajo más que malos recuerdos. Algo de bulling, que entonces no se identificaba ni se llamaba así. El caso es que lo dejé al año cuando me casé, pensando en buscar otra cosa preferiblemente de media jornada. A los veinticinco años me quedé embarazada y ya no quise separarme más de mi bebé, así que no volví a trabajar más. (Quién me lo iba a decir). A los dos años nació mi hija mayor y a los tres años la pequeña y yo ya cumplía treinta y uno.

martes, 16 de enero de 2018

8. Familia

Tengo cuatro hermanos, tres hombres y una mujer. Cuando era niña, era tan tímida y sensible que no me atrevía a hablar con los chicos. Me parecían tan grandes y el que menos me llevaba cinco años. Así que me escondía bajo la mesa del comedor. Con mi única hermana nunca tuve buena relación. Eramos como el agua y el aceite. Tengo la impresión de que ella me celaba por ser la pequeña, aunque no hubiera nada que envidiar en mi caso. Ella era la guapa, la simpática, la buena estudiante y yo todo lo contrario.

Afortunadamente a los quince años mi hermana se echó novio y desapareció de la escena por un tiempo dejándome a mí espacio libre y más posibilidades de relacionarme con mi madre, pues antes ella la tenía copada. Pero aquello fue un desastre para mis estudios, ahora que empezaba a remontar, pues prefería salir de paseo con mi madre y mi perro a hacer los deberes o estudiar. Los fines de semana se me hacían interminables sin nadie con quien salir, y el verano peor aún, pues sólo iba con suerte un par de semanas a Asturias a casa de unas tías ancianas.

lunes, 15 de enero de 2018

El tic nervioso

Hace ya cosa de un mes que empecé a mordisquearme la boca por dentro. Mi madre hacía algo parecido y fue su primer síntoma de parkinson. Así que fui al neurólogo y me mandó una resonancia magnética de la cabeza. Parece que no tengo parkinson de momento. Lo que sí tengo es temblor esencial, que da unos síntomas parecidos. Tomo una pastilla dos veces al día pero no he notado la diferencia. También he probado con tranquilizantes y relajantes musculares, pero sigo mordiéndome la boca desde que me levanto hasta que me acuesto.

He intentado ponerme cacao labial, pero me lo como. No pensar en ello o pensarlo todo el tiempo. Se supone que es un tic nervioso y debería ser capaz de pararlo, pero no puedo. Me pone nerviosa y me temo que vaya a seguir así ya para siempre. Me siento frustrada. Además pongo caras raras sin querer al mover la boca y tengo que tener cuidado de que la gente no me vea porque llama la atención. Así que estoy siempre un poco en tensión. Por si no tenía bastante con andar siempre con el pañuelo. Esto viene a demostrar que siempre se puede estar un poco peor. Mejor no quejarse demasiado.

viernes, 12 de enero de 2018

7. Amigos

Cuando era muy pequeña mis padres me juntaron con una niña que se llamaba Isabel. Algunos fines de semana íbamos a su casa en el pueblo con sus siete hermanos en el coche y yo siempre me mareaba y vomitaba, a la ida y a la vuelta. Como es natural, dejé de ir con ella. Después me hice amiga de una vecina que iba a mi colegio y bajábamos al parque juntas, pero al cabo de un par de años se cambió de colegio y perdimos el contacto. Éramos muy diferentes. En el colegio hice otra amiga que me duró muchos años aunque no nos veíamos muy a menudo. Todavía la llamo de vez en cuando por teléfono.

En los últimos años de bup me hice muy amiga de una chica bastante problemática, en el sentido de que tenía una vida muy complicada. Salíamos juntas a la discoteca hasta que nos fuimos distanciando. Digamos que la amistad nunca ha sido mi fuerte. Como ya he contado alguna vez, después he tenido amistades más o menos superficiales y poco duraderas, que todavía mantengo; y una chica que conocí que por desgracia ya murió bastante joven. No he tenido la suerte de contar con amigos de esos incondicionales y para toda la vida.

jueves, 11 de enero de 2018

6. La muerte

Ya he contado alguna vez que cuando era un bebé de seis meses me morí por deshidratación en un viaje a Galicia. Estuve más de media hora sin respirar. De aquello creo recordar que la muerte era un estado muy agradable y yo no quería que me reanimasen, pero lo hicieron. Desde los diez años aproximadamente cada noche yo rezaba por morir. No tanto que quisiera suicidarme y darle ese disgusto a mis padres pero pensaba, con razón, que si tanta gente estupenda moría cada día de la manera más tonta, por qué no podía yo sustituir a alguno de ellos.

Pensaba que mi vida así no tenía sentido. Afortunadamente Dios no me hizo caso o me hubiera perdido lo mejor. Pero cuando dejé de pedir la muerte fue precisamente cuando alguien intentó matarme. Es un tema en el que prefiero no entrar. El caso es que siempre he considerado la muerte como una amiga y, si no fuera por mi marido y mis hijos, no me importaría que me alcanzara. Como buena depresiva no acabo de entender cuál es mi papel en la vida, aparte de ser un peón más en un tablero de ajedrez.

miércoles, 10 de enero de 2018

5. La pubertad

Continuando con lo anterior, tenía yo ya diez años y afortunadamente había otros juegos en el recreo aparte de la comba, así que me sentía más integrada. Pero sucedió algo catastrófico: me hice mujer a los diez años. De la noche a la mañana, aparte de los dolores horrorosos que tenía en esos días y los problemas técnicos, resulta que aparentaba al menos dos años más y tenía un problema de sudoración y olor corporal muy molesto. Por entonces no se llevaba tanto el uso de desodorantes y había la creencia de que no debía una ducharse en esos días. De ahí la situación.

Por todo ello, yo misma me aislé una vez más del resto de las niñas, avergonzada por mi aspecto y mis circunstancias. Supongo que si hubiera sido una persona más segura de mí misma incluso le hubiera sacado ventaja, pero no fue así. Me pasé otros cinco años sentada en el recreo viendo como las demás se relacionaban con normalidad mientras yo me sentía un bicho raro. Conseguí mantener un par de amigas a duras penas pero los fines de semana apenas salía si no era con mis padres. De manera que mi preadolescencia no fue muy interesante.

martes, 9 de enero de 2018

4. La alergia

Cuando me hice las pruebas de la alergia ya mayor, me dieron positivo prácticamente todos los alérgenos. Incluido el pelo de perro. Yo ya lo sabía aunque había tenido un perro dieciséis años y desde luego nada me hubiera hecho renunciar a él, como ahora tengo un gato y sospecho que también me da alergia. El caso es que cuando era pequeña en el colegio llevaba siempre un pañuelo en la mano; el mismo además porque no tenía muchos para elegir, y los ojos llorosos. En primavera aquello ya era insoportable y apenas tomaba pastillas para la alergia porque no las compraban.

Con los años el nivel de alergia se ha hecho un poco más soportable, lo que no evita que a ratos se me caigan los mocos literalmente. No puedo moverme de casa sin llevar al menos un pañuelo. Eso tampoco ayuda precisamente a hacer amigos. Yo me pongo en su lugar y es un poco asqueroso. Si le añadimos que de jovencita estaba plagada además de acné, la verdad es que todavía me extraña que alguien se me acercara. Tenían su mérito. Además la alergia hacía que me constipara muy a menudo, pero como no tenía fiebre me mandaban al colegio igual.