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viernes, 18 de enero de 2019

Conservadores y género

A ver si a él le entendéis mejor que a mí.

Nos enseñaba Chesterton que todo el mundo moderno se ha dividido en progresistas y conservadores: mientras los progresistas se dedican a cometer errores, los conservadores se dedican a impedir que los errores sean corregidos. El otro día tuve ocasión de comprobar esta verdad aplastante y perturbadora cuando se me dio la oportunidad de interrogar en la televisión a una política pepera de cuyo nombre no puedo acordarme, encargada al parecer por su partido de negociar las condiciones de su acceso al poder en Andalucía. La política pepera no hacía otra cosa sino repetir como un lorito que su partido abogaba por «despolitizar la violencia de género», sin advertir que su expresión sonaba tan ridícula (tan demente) como abogar por «desteologizar la unión hipostática». Pues la expresión «violencia de género» es en sí misma un concepto ideológico, según el cual la violencia masculina es producto de un rol «construido» por la sociedad «judeocristiana» y «heteropatriarcal»; y que los hombres solo dejarán de ser violentos cuando sean «reeducados» desde la escuela.

Los conservadores, en efecto, se dedican a impedir que los errores sean corregidos. Pretenden grotescamente moderarlos, restringirlos, encauzarlos, pero han perdido el coraje para combatirlos; o, dicho con mayor exactitud, ya ni siquiera pueden percibirlos, pues el conservador, como señalaba Ambrose Bierce, está en el fondo «enamorado de los males existentes» y desea mantenerlos incólumes e incorruptos, para que luego el progresista los encuentre igual que estaban y pueda seguir alegremente su labor destructiva en el punto exacto en el que la dejó. A los conservadores les ocurre como a ese guía atolondrado que, al toparse de noche con un precipicio, propone a los viajeros quedarse todos quietos al borde del precipicio, a la espera de que alguien construya un puente, a la vez que los disuade de retroceder y elegir otro camino que sortee el precipicio, pues no quiere que lo llamen «retrógrado» o «reaccionario». Este inmovilismo típicamente conservador, a la vez dimisionario y fatalista, es lo que se compendia en la grotesca expresión «despolitizar la violencia de género». A la postre, esta aceptación desfondada de las premisas del enemigo transmite una repugnante impresión de acabamiento, desnorte y falta de fibra moral. Y es que la aceptación del error siempre degenera en lo que Chesterton llamaba «la herejía del precedente»: puesto que nos hemos metido en un lío, tenemos que meternos en otro mayor para adaptarnos; puesto que hemos perdido el camino, debemos también perder el mapa.

Todo este fatalismo inane y entreguista es el peaje que los conservadores pagan por disfrutar de los frutos opíparos del «consenso» y alcanzar pasajeramente el poder. Pero los conservadores nunca calculan que su actitud fatalista acaba generando un rechazo visceral entre sus propios seguidores, que tal vez estén dispuestos a perdonarles sus errores, pero no la desesperación que los empuja a «conservar» los errores progresistas (despolitizando el género, por ejemplo), por considerarlos irremediables o irrevocables. Llega un momento en que los errores progresistas que los conservadores no remedian ni revocan conducen a la gente hasta el precipicio; y, cuando la gente se cansa de esperar que les construyan un puente, se revuelve contra quienes los mantienen al pie del precipicio. La gente está dispuesta a aguantar muchas ofensas; pero no aguanta la ofensa final de que se le diga que nada se puede hacer, que ni siquiera tiene sentido intentar hacer algo, que es lo que los conservadores nos dicen cuando asumen con fatalismo que hay que «despolitizar la violencia de género».

Juan Manuel de PradaJuan Manuel de Prada Escritor
 https://www.abc.es/hemeroteca/juan+manuel+de+prada

Tolerar o no tolerar

Un comentario de ayer me ha recordado a una vez que estaba recogiendo firmas contra el aborto en la puerta de una iglesia, cuando una señora me dijo que no firmaba, "yo es que soy muy tolerante". Así que toleraba el matar niños en el vientre de sus madres. Hay cosas que no se pueden tolerar. Yo creo que nuestra sociedad ha llegado a este nivel de amoralidad precisamente por ser tan tolerantes. Porque la derecha ha ido asumiendo todos los postulados de la izquierda, acabando así con su razón de ser, y provocando que aparecieran otros partidos.

Es como las madres que les dejan a sus hijos que hagan lo que quieran y no ponen normas, porque "son jóvenes", como si eso fuera la garantía de hacerlo todo bien. Me acuerdo cuando mi hijo mayor me dijo que sus amigos no tenían hora de llegada a casa a los dieciséis años. Si eso es ser tolerante conmigo que no cuenten. Yo prefiero el más vale prevenir que curar. Hemos tolerado demasiado con el botellón, con las drogas, con la promiscuidad sexual y sus consecuencias, con la inmigración, con los políticos. Ahora toca precisamente volver atrás por una cuestión de supervivencia.

jueves, 17 de enero de 2019

No puedo

No puedo con la gente que se deja llevar por las personas o por la corriente. No puedo con los que no piensan más que en fútbol o maquillaje. No puedo con los que viven para su cuenta corriente. Ni con los que se enganchan al móvil y se olvidan de los demás. Ni con los que maltratan a los niños o los malcrían por amor mal entendido. Ni con los que desprecian a los animales. Ni con los que creen que la carretera es suya. Ni con los que creen que la vida les debe algo. Ni con los que se enganchan a una idea por muy desfasada que esté y la defienden hasta el final.

Me gusta la gente franca que dice lo que piensa aunque no esté de moda. Me gustan los que reflexionan y sacan sus propias conclusiones. Los que no van donde va todo el mundo ni siguen la misma música. Los que no quieren más reality que su propia vida. Los que aprecian cada hoja de árbol y cada hierba. Los que no olvidan a los que tienen cerca. Los que valoran el silencio y el no hacer nada. Los que te escuchan y te comprenden. Los que no esperan más de ti que lo que puedes dar.  Los que no te comparan con nada ni con nadie. Los que no se dejan influenciar por cualquiera.

miércoles, 16 de enero de 2019

Superficialidad

No hay más que ojear las revistas e incluso los periódicos para ver que lo superficial se ha adueñado del mundo. Pesan mucho más las apariencias, el poder y el dinero, que las buenas acciones. La gente admira a los famosos por el sólo hecho de serlo sin preguntarse si son realmente buenos actores, cantantes o cocineros... Basta con que salgan en televisión y tengan amigos influyentes. Al final todo se limita al Dime con quien andas y te diré quién eres, pero en el mal sentido de la expresión. Pero todas esas personas que les van detrás, les pueden dar la espalda en cualquier momento al menor traspiés.

Es el precio de vivir de las apariencias. Yo en cambio, vivo en el otro extremo y apenas me arreglo. Por esa razón algunos me descartan de antemano. No tengo bastante clase. En cambio otros me siguen considerando demasiado señorita. El caso es que lo mío es no encajar en ningún sitio. Lo superficial no me tienta en absoluto y ni siquiera tengo el último modelo de móvil. Me basta con que sirva para llamar y escribo en el ordenador portátil. No me atrae el consumo navideño, ni tampoco caigo en la tentación de las rebajas si no lo necesito. No soy de este siglo.

martes, 15 de enero de 2019

No sonrías

Recuerdo hace años, cuando mi hermana había roto con uno de sus novios, que mi padre me dijo: es que la pobre está muy sola. Y yo le contesté: y no te daba pena cuando yo estuve sola diez años?. Ahora lo entiendo. Es que yo iba siempre con la sonrisa boba y la procesión iba por dentro. No quería que mis problemas repercutieran sobre los demás, y no me quejaba. Al fin he comprendido que, si sonríes, la gente cree que no te pasa nada, que no te importa. Da igual si te estás rompiendo en pedazos. Por eso, con los suicidas, a menudo pasa que dicen: qué raro, si parecía que estaba bien.

Es mucho más rentable ir con la cara de perro permanente y pasarse el día quejándose de todo. Entonces los demás siempre te tienen en cuenta, aunque realmente no te pase nada especial. Ya comprendo por qué la gente por la calle va con esa cara tan seria y nunca sonríen. Saben que sonreir hace que te consideren una persona feliz que no necesita a nada ni a nadie. Y nada más lejos de la realidad, porque si eres amable con los demás es porque eres una persona sensible y precisamente necesitas más cariño de lo normal. Pero eso supone un esfuerzo extra que muchos no están dispuestos a hacer.

lunes, 14 de enero de 2019

Bienvenido a casa

El otro día tuve la suerte de caer por un blog que se llama La chica de los jueves y me gustó mucho porque es una página llena de sentimientos de esos que la gente tiende a ocultar como si no existieran. También vi que vendía un libro de su blog y lo encargué. Al cabo de una semana tenía en casa el libro Bienvenido a casa y me está costando mucho no leermelo de un tirón, pero para cuando publique el post seguro que ya lo habré hecho. El libro es intenso, lleno de cosas para pensar, y me han entrado ganas de escribir al leerlo.

Yo también publiqué unos libros que ahora ofrezco gratuitamente, aunque no estaban tan logrados como éste, y hubo un tiempo en que acaricié la idea del éxito. Después de todo lo único que he sabido hacer siempre desde niña es escribir sobre todo lo bueno y lo malo, más de lo último, me temo. Pero no fue hasta que entré en internet que descubrí que mis pensamientos podrían interesar a otros. Esta escritora sí que ha recorrido todo el camino y os aconsejo su página (aunque ahora publica poco) y por supuesto sus libros si queréis salir de lo superficial y adentraros en el mundo de las emociones.

sábado, 12 de enero de 2019

Especie de engendro de mosca asquerosa

Ayer en el facebook le di donde no debía y me salió ese comentario que no sé si iba dirigido a mí, aunque no me extrañaría porque ya me han dicho cosas parecidas antes. La verdad es que me hizo gracia la originalidad del insulto. Creo que soy una buena persona. No es que tenga mérito porque no sé ser de otra manera. Cuando veo injusticias o a alguien que abusa de otra persona no puedo evitar decirlo. Incluso cuando mis hijos hacen algo que les puede perjudicar, se lo digo. Qué clase de madre sería si me limitara a asentir y otorgar.

Pero eso no me hace una persona popular precisamente. Sería más fácil si pudiera decir que el aborto no es un crimen y así estaría de acuerdo con la mayoría, pero no puedo hacer eso. Tengo que decir lo que pienso aunque eso suponga que me ataquen. También cuando digo que no me gusta este Papa. Sería más fácil vivir sin decir lo que siento, pero me estaría traicionando a mí misma. Esto hace que a veces la gente me acuse incluso de falta de empatía, que es justo lo que me sobra. Gracias por vuestros cariñosos comentarios. Me han ayudado mucho. Besos.

viernes, 11 de enero de 2019

La peor soledad es estar rodeado de gente

que no te entiende, no te oye, no te ve. Así he pasado yo buena parte de mi vida. Supongo que la culpa es mía porque no he sabido hacerme notar. Hay gente popular por naturaleza y otros que pasamos desapercibidos. No importa los sacrificios que hagamos por los demás porque nunca serán reconocidos. Como se suele decir, luego hay reparto de medallas entre los no participantes. Es decir, que el último que llega se queda con los méritos. Siempre es así. Y quien ha hecho una labor callada durante años queda en el anonimato.

Al principio me molestaba mucho, pero después de los primeros veinte años uno se acaba acostumbrando. En mi familia era yo la que más ayudaba, pero mi hermana hacía que lo suyo se notara más. Y al menos allí me sentía aceptada como soy. Con el tiempo me di cuenta de que era lo máximo que iba a conseguir. La gratificación, la notoriedad no van conmigo. Son para los que saben aprovechar sus dotes sociales. Esas personas suelen ser triunfadores en todo lo que emprenden, mientras que yo nunca he pasado de mediocre. Y ya a estas alturas ya no espero que nada cambie.

Y encima llevan el título vitalicio de La pobre, la pobre M, la pobre P, aunque les vaya de maravilla. Pero yo nunca seré la pobre Susana. Se ve que me merezco todo lo que me pasa.

jueves, 10 de enero de 2019

Buscando el amor en todos los lugares equivocados

No sé dónde leí esa frase pero es muy adecuada. Muchas veces nos empeñamos en conseguir el afecto de quien no puede querernos. Tal vez porque hay personas que no entienden eso de amar al prójimo como a ti mismo y se quedan con el final de la frase. Hay gente cuyo amor se reduce a tres o cuatro, y en cuanto al resto del mundo, sólo le interesan en la medida en que pueden conseguir alguna ventaja de ellos, ya sea económica, física o de prestigio social. Como yo no aporto ninguna ventaja siempre me quedo en la cola de la lista.

Pero sin embargo algunos se empeñan en amar a estas personas. Es lo que se conoce por un amor tóxico, donde das mucho y no recibes nada. Es el típico complejo de segundón. Yo también lo tuve hasta que mis padres por fin se acordaron de que tenían una hija pequeña, aunque siguiera siendo la segunda. En esto sólo se asciende por desaparición o caída en desgracia del anterior, y es una victoria amarga. Así que nosé si vale la pena.

miércoles, 9 de enero de 2019

Cuidado con lo que deseas, no sea que se cumpla

Hace muchos años me leyó la mano una gitana y me dijo que me casaría a los veintidós años y tendría tres hijos, y yo me puse tan contenta porque era exactamente eso lo que quería. Así que no hice caso a mi madre que me decía que trabajara y fuera independiente, que te quedas en casa y luego nadie te lo agradece. Cúanta razón tenía mi madre. Es la vieja historia de siempre. Y la verdad es que estuve muy a gusto en casa con mis hijos cuando eran pequeños, pero crecieron e hicieron sus vidas. Y yo me quedé sola con el gato, que me da mucho cariño.

Pero si lo llego a saber lo mismo hubiera optado directamente por los gatos. Ellos sí que son agradecidos a poco que hagas. Así que ahora no me atrevo a desear nada. Ya sé que elegí un camino y no lo puedo cambiar. Así que sólo me queda envejecer y estar cada vez peor, que ya estoy bastante mal para la edad que tengo. No será porque no estuviera avisada. Y ya sé que podría ser mucho peor. Así que del nuevo año no espero grandezas. Me conformo con quedarme como estoy y supongo que puedo darme por satisfecha.