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viernes, 28 de abril de 2017

Un mundo feliz

por Sonia Vázquez

“Dios no es compatible con el maquinismo, la medicina científica y la felicidad universal. Es preciso elegir. Nuestra civilización ha elegido el maquinismo, la medicina y la felicidad. Por esto tengo que guardar estos libros encerrados en el arca de seguridad. Resultan indecentes” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)

Y los libros encerrados bajo llave, no eran otros que la Biblia y la Imitación de Cristo. Esto es lo que describió Aldous Huxley en su mítica obra, “Un mundo feliz”. Recuerdo cuando era adolescente y todo esto nos parecía una obra de ciencia ficción, algo que ni por asomo podía ser real. Hace tiempo que campaneaban en mi cabeza algunos fragmentos de aquella lectura y decidí releerlo. Despertábamos al mundo y con quince años estas páginas nos parecían algo futurista e imposible, nos causaba entre risa y asombro, pero en estos momentos y sin temor a equivocarnos podemos decir que lo que relató Huxley en el año 1932, es real y considerado como normal. Los hijos se tienen en laboratorios y el mundo, supuestamente, es feliz.
En este libro se planteaba un mundo de inseminaciones artificiales a la carta, se buscaba una “sociedad perfecta” y para ello, era necesario vivir de espaldas a Dios, o mejor dicho, sin ni siquiera conocer a Dios, se ocultaba toda información que llevara a Él. Lo mismo que sucede a diario cuando, por ejemplo, nos retiran los crucifijos de los lugares públicos, o cuando vemos Iglesias de nueva construcción en las que, fomentando lo que se llama ecumenismo, retiran el verdadero sentido Cristiano de nuestra vida, Templos que parecen oficinas de correos. Queridos, en nuestros días no existe libertad, vivimos una dictadura mundial gobernada por un dictador, ¿Saben quién es? El demonio, sí, el mismo Lucifer que sentado sobre una silla gestatoria nos seduce con las pasiones corporales, nos empuja a vivir en pecado mortal y nos priva de conocer  a Dios. Sí, vivimos una dictadura como no se recuerda ninguna otra y sin embargo, nadie, absolutamente nadie dentro de la Iglesia, nos alerta sobre él.
¿Vds. se han fijado que con relación al tema de las inseminaciones, tan de moda tener hijos en laboratorio, nos presentan hasta clínicas y médicos que quieren presentarlo como algo pío, “sanatorios católicos”? Sí, sanatorios financiados por Católicos, esa es la palabra.
“Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo…
Ahora cabía tener la seguridad de conseguir como mínimo ciento cincuenta óvulos maduros en dos años. Aseguraban una producción media de casi once mil hermanos y hermanas en ciento cincuenta grupos de mellizos idénticos; y todo ello en el plazo de dos años. Y, en casos excepcionales, podemos lograr que un solo ovario produzca más de quince mil individuos adultos” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Un mundo sin dolor, sin enfermedades, sin tristezas, esta era la temática del libro, lo que planteaba no era más que un mundo sin Dios… ¿Es eso un mundo feliz?
“Si ustedes se permitieran pensar en Dios, no se permitirían a sí mismo dejarse degradar por los vicios agradables. Tendrían una razón para soportar las cosas con paciencia. Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables
– Pero Dios es la razón que justifica todo lo que es noble, bello y heroico. Si ustedes tuvieran un Dios…

– Mi joven y querido amigo – dijo Mustafá Mond -, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Leía estos días en la prensa que las cortes españolas han aprobado la admisión a trámite de una proposición de ley sobre “muerte digna”. Según nuestros políticos “se defiende la igualdad de todos los españoles, también para morir” y se presenta esta ley para proteger a los ciudadanos del “enseñamiento terapéutico”. Podríamos poner miles y miles de casos contando lo que está sucediendo no sólo en nuestros hospitales, sino en nuestras familias, que esto es lo más grave. Amparados por frases tipo: “para que no sufra”, nos encontramos con que se está acabando con la vida de las personas no de una manera natural, quizás tampoco se pueda decir “asesinato” porque alguno podría escandalizarse, llamémoslo eutanasia camuflada. Si actualmente estás cinco días, supuestamente, agonizando, pretenden que en un día se termine todo, me imagino a nuestros médicos diciendo: “su estado es irrecuperable, programaremos todo para exterminarlo a media noche, pueden marcharse a descansar, ya nos encargamos de todo y les enviamos el cadáver al Tanatorio el último adiós”. A mi también me daba la risa leyendo “Un mundo feliz”…
Hace unos meses acudí a visitar a una persona enferma en un hospital, su aspecto me llamó la atención, ya que los hijos me dijeron que era cuestión de horas y observándolo, nada hacía presagiar una muerte inminente. Cuando vino uno de los familiares me explicó que lo iban a sedar y a partir de ese momento, sería cuestión de horas. En ese momento, entendí todo, iban a liquidar al enfermo, pero hoy en día todo se hace poéticamente, “sedación, que no sufra, sueño,…”. Un ahorro para la sanidad pública y un descanso para la familia que se quita la “carga” de encima. ¿Cuántos ancianos mueren en su casa hoy en día? Hablo de España donde la mayor parte de la población, el 95 por ciento, fallecen en los hospitales y esto es, en general, porque no estamos preparados para afrontar la muerte, no sabemos “acompañar”, los familiares quieren que los servicios sanitarios le hagan algo al moribundo ¿algo como qué, ponerle una inyección y matarlo? Escuchaba hace unos días “lo he llevado al hospital porque no quería que muriese en casa, ¡vaya recuerdo!”. ¡Miren Vds.! Como si el alma del difunto fuese a pasear en pijama durante las noches de invierno por el salón. ¡Qué inmaduros somos! Y lo peor y lamentable es que estos comentarios vienen de personas que se les supone Católicos, pero ¿de qué hablan nuestros Sacerdotes en las homilías, de qué hablan los Obispos, de qué habla el Papa de Roma? El pueblo de Dios está flojo, está como un higo flácido que se cae del árbol, así estamos.
Vientres de alquiler, inseminación artificial, ensañamiento terapéutico, eutanasia, aborto, relaciones homosexuales, divorcios, infidelidades y todo esto ¿para ser feliz?
“Arte, ciencia… Creo que han pagado ustedes un precio muy elevado por su felicidad – dijo el Salvaje, cuando quedaron a solas -. ¿Algo más, acaso?
– Pues… la religión, desde luego – contestó el Interventor -. Antes de la Guerra de los Nueve Años había una cosa llamada… Dios” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Y yo les pregunto, mis queridos lectores. ¿Qué lugar le reservamos a Dios en nuestro mundo, en nuestra vida? Ninguno. Buscamos satisfacer al cuerpo, le ofrecemos placer nada más. Aquello que nos es agradable lo mantenemos y lo que nos resulta desagradable lo desechamos de nuestra vida, sean personas, cosas o animales.
No lloramos por nuestros familiares fallecidos, no ofrecemos Misas, nos resulta indiferente su destino, nos viene bien el sermón del cura de turno que nos dice que están en la Gloria de Dios. Perfectamente válido, no perdemos ni un minuto más. El cadáver lo dejamos en manos de las funerarias que hoy en día organizan todo para que pase cuanto antes y te enteres lo mínimo posible.

El que no puede tener hijos, contacte inmediatamente con el laboratorio más cercano para que se lo solucionen vía cheque bancario, aquello de aceptar la voluntad de Dios ya no está en los planes del hombre.
Al que le moleste el abuelo que encargue una eutanasia y así ya nos ahorramos hasta ir el fin de semana a visitarlo a la residencia.
Si el bebé presenta una malformación en el feto, provoquen un aborto inmediatamente, los hijos que sean lo que una sociedad considera como perfectos. Lo que en otros tiempos se condenó, hoy se ensalza: “generaciones de rubios y ojos azules”. Islandia se engrandece públicamente de ser el primer país sin nacimientos con síndrome de Down, ¿Cuál es el número de niños asesinados en el vientre de su madre? ¿Se pueden contar o la cantidad es tan indecente y escandalosa que desborda todas las estadísticas de la historia?
Si nuestra naturaleza caída nos pide sexo, démosle todo y más, desechemos la castidad y vivamos la promiscuidad total y absoluta y no juzguemos ningún tipo de inclinación, “¿Quién soy yo para juzgar?”, como diría el Obispo de Roma, todo está bien y todo es válido, para ejemplo, precisamente, él mismo, que hace unas semanas abría las puertas vaticanas a un presidente de estado y a su pareja…Con este gobierno de la Iglesia, ¿Cómo estarán nuestras almas? Muy sencillo, corrompidas. No tenemos ni idea de lo que es pecado y de lo que es vivir en estado de Gracia. El que tiene que dar ejemplo aplaude todo tipo de actitudes pecaminosas, ensalza el pecado mortal.
Me hace gracia cuando leo a los “nuevos” teólogos del siglo XXI, esos que hablan de “infantilismo” en cuanto a vivir la religión según la Tradición, esos mismos que hablan de “bendecir el pan” en lugar de utilizar la palabra “Transubstanciación”, estos mismos que son los pioneros a la hora de acoger en sus parroquias todo tipo de desechos y proponerlos como modelos a seguir. Esos, justamente, los que retiran los catecismos tradicionales de sus sacristías son los que tratan a sus feligreses como niños que acuden a un jardín de infancia donde todo vale y todo está bien. ¿Puede un Católico justificar la eutanasia, el aborto, la inseminación artificial, las relaciones fuera del matrimonio, el divorcio, las relaciones homosexuales? El hacerlo sólo demuestra el nivel cultural interior que tenemos a día de hoy, un termómetro que nos dice que el alma tiene fiebre, está enferma. Si están en este caso, pónganle inmediatamente remedio, ¿Quieren la medicina? Sigan la Tradición de la Iglesia.
Ciertamente un alma floja no puede vivir anclada en Cristo, preferirá estar en un puesto cómodo, como tantos que se reían mientras el Señor subía con la cruz al Calvario, pero ¿qué sucederá en el día final? ¿Qué le diremos cuando estemos cara a cara con Él, le diremos que los médicos nos convencieron para acabar con la vida de mamá y que nosotros no sabíamos?…¿le explicaremos que la llevamos al asilo porque no podíamos hacernos cargo de ella por nuestra vida tan ocupada?…¿le diremos que nos separamos porque encontramos a otra persona que nos hacía más felices?…no tuvimos más hijos porque ya era más que suficiente para poder vivir holgadamente…decidimos someternos a una inseminación porque queríamos un hijo más y el cura nos dijo que no tenía nada de malo ir a esa clínica…Todo al gusto del hombre, nada a la voluntad de Dios, esta es la sociedad actual.
Permítanme una pequeña reflexión…Por las mañanas cuando salgo a pasear con Pastor por el bosque, con mi perro, veo ante mis ojos la obra de Dios en su plenitud, nada más hermoso y bello que lo que Él creó para nosotros, la naturaleza en estado puro, en estado salvaje. Simplemente avanzando un poco, unos pocos pasos, encuentro la obra del hombre, escombros en medio de parajes singulares. Así empezó todo, primero se tiró un papel, después directamente la basura y cuando miramos a nuestros alrededor no queda apenas nada de la belleza de la Creación…Esto mismo ha sucedido en nuestro mundo, un día nuestros políticos dejaron de ser Católicos, nuestros Obispos también y nuestras almas…Dios las guarde en Su Sagrado Corazón.
“Pero si usted conoce a Dios, ¿por qué no se lo dice a los demás? – preguntó el Salvaje, indignado -. ¿Por qué no les da a leer estos libros que tratan de Dios? (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Sonia Vázquez
 https://adelantelafe.com/un-mundo-feliz/

miércoles, 26 de abril de 2017

Cristiano viene de Cristo

La Iglesia católica es la única que existe desde el comienzo del cristianismo, creada por los discípulos de Jesús, bajo el mandato de Pedro, el primer Papa. Se mantiene desde hace más de dos mil años gracias a que conserva el legado original sin apenas modificaciones. Es atemporal, sirve para cualquier momento de la historia, y universal, para cualquier lugar. Por tanto, no tiene ningún sentido decir que si Jesús viviera ahora cambiaría el mensaje. No es cierto. La doctrina moral de la Iglesia sigue siendo tan válida ahora como en los primeros tiempos. La Iglesia Católica se basa en las palabras de Jesucristo escritas en los Evangelios.

A mí personalmente me gustaría que admitieran los anticonceptivos. Después de todo no creo que la Biblia diga nada al respecto porque no existían. Tal vez deberían facilitar las anulaciones matrimoniales y aceptar las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pero esa es mi opinión personal, no la de Jesucristo. Jesús estaba claramente en contra de la promiscuidad, la sodomía y el adulterio (visto como cambio de pareja). Y no era precisamente un pusilánime que se dejara llevar por las modas del momento. Por tanto, no me compete a mí, ni al propio Papa reinterpretar sus palabras. Sí es sí y no es no. Eso es todo. Lo tomas o lo dejas.

lunes, 24 de abril de 2017

¿No confrontar?

¿“No confrontar”? – A propósito de una consigna muy repetida en grupos provida - Por la Red Federal de Familias (Misiones)

¿“No confrontar”? – A propósito de una consigna muy repetida en grupos provida
Red Federal de Familias (Misiones)

“No confrontar”. Estas palabras parecen conformar una suerte de seudo mandamiento –añadido, en base a la repetición, al antiguo decálogo– que se va colando en ciertos grupos católicos provida. Entre quienes militamos por la defensa de la vida y la familia, suele escucharse esa frase: “no confrontemos”. Se oye con frecuencia en reuniones y pasillos, se repite maquinalmente hasta en las charlas de amigos con quienes compartimos las mismas banderas. Es como cierto imperativo supremo que parece esconder este pensamiento: “Ni se nos ocurra confrontar porque si no, perdemos auditorio. Perdemos oyentes. Perdemos clientes”.
Bromas aparte, es llamativo que –en el obrar y en el pensar de muchos bautizados– se vaya extendiendo la tibieza y hasta cierto conformismo, lo que es especialmente alarmante cuando tiene lugar en los corazones de quienes deberían sentirse deseosos de cumplir con su misión profética de anunciar la Verdad, denunciando lo que se opone a ella. En vez de eso, parece privilegiarse la estrategia del marketing: “No confrontemos porque ‘queda mal’”. Pero, ¿la verdad es un “producto para vender”?
Esta consigna queda al desnudo ante un simple interrogante. ¿Por qué no confrontar? ¿No confrontar acaso para pretender hallarnos en una cierta calma paradisíaca de amorosa convivencia con quienes piensan muy distinto, promoviendo la cultura de la muerte? Si este es el motivo, no parece muy distinto a fingir. Contrariamente, de la Biblia misma surge que nuestra vida, lejos de ser un apacible camino, es un campo de batalla; un constante militar contra demonio, carne y mundo. ¿No es acaso una milicia lo que hace el hombre sobre la tierra? (Job 9,1).
¿Qué es lo propio de quien recibe la Verdad? Lo propio es vivir según ella, practicarla, predicarla, difundirla. Confrontar es, así, la casi espontánea e ineludible consecuencia de recibir la verdad en un mundo que vive contradiciéndola. No nos engañemos. Es imperioso que la Verdad sea dicha, sea elevada, sea exaltada y coronada ante la mentira, el error y la confusión. Lo que es y “lo que no es” entran siempre en colisión, de modo que lo falso no puede sino caer “como un rayo”, como cayó el enemigo mismo, según las palabras de Cristo (Lc. 10,18). Tan necesario, tan justo, tan debido es que la Verdad sea dicha, que si ya no quedara en el mundo ni un sólo cristiano con el valor suficiente para decirla en alta voz, entonces, no cabe duda, las piedras gritarían.



Solemos escuchar en reuniones o charlas de temas provida, muchas veces de manera bienintencionada, que no debemos confrontar. Pero, en definitiva, ¿qué es confrontar? Confrontar es poner una cosa delante de otra. En el campo de la defensa de la vida, ponemos las falacias de la cultura de la muerte frente a las verdades que brotan del plan de Dios para así dar por tierra con todas esas falsedades ideológicas. Así, la verdad –que no es otra que Dios mismo– termina brillando. Esplende. Desde la época de los más primitivos procesos judiciales, el confrontar resultó siempre un medio no sólo eficaz sino hasta necesario para llegar a lo cierto y, en consecuencia, impartir justicia. Agotados los medios pacíficos, no querer confrontar es una actitud que puede interpretarse como un desinterés por conocer. Y dado que el conocimiento tiene relación con la verdad, este desinterés implica también un desinterés por la verdad misma.
No querer confrontar cuando es obligatorio hacerlo es propio del alma que –aunque reconozca intelectualmente la verdad– prefiere no arriesgarse en cuanto a su testimonio, no sea que pierda amistades por decir lo verdadero. El ejemplo paradigmático –y muy adecuado para este inicio de Semana Santa– es Poncio Pilatos. Pilatos pasa a la historia como el que “no confronta”. No tenía la misma maldad de Herodes (a quien Cristo llamó “zorro”) pero, sin embargo, no quiso atraer alguna enemistad ni perder favores, convirtiéndose así en cómplice del mayor crimen de la Historia. Bajo las condiciones ya señaladas, no confrontar puede ser un síntoma tanto de relativismo –en tanto revela desinterés por la verdad– como también de mediocridad, pusilanimidad, cálculo, especulación. Revela falta de esperanza, falta de confianza en la propia verdad, falta de confianza en la fuerza demoledora de la verdad.
En contraposición, tenemos el evangélico ejemplo de la voz que grita en el desierto: San Juan Bautista, quien precisamente por confrontar con quienes obraban el mal, perdió su vida y conquistó la eternidad. ¿No se enfrentó acaso Santo Tomás Moro con un Enrique VIII, enfermo de poder, que le hizo pagar con su propia sangre la osadía de decir la verdad? ¿No confrontaron Santo Tomás de Aquino, San Agustín, San Atanasio con quienes desnaturalizaban tanto las verdades de la fe como otras verdades propias del orden natural? “Suma contra gentiles” tituló Santo Tomás a una de sus obras. ¿No era precisamente una invitación a la confrontación?
El santo grito de “¡Viva Cristo Rey!” –con el que tantos mártires entregaron su vidas–, ¿no fue acaso un confrontar a voz en cuello con el mundo que niega a Nuestro Señor la Realeza que le es propia?
*         *         *
Cristiano que lees estas líneas. No te dejes confundir ni te confundas tú mismo. Agotadas las instancias anteriores, nadie puede prohibirte confrontar enérgicamente con quienes legitiman el aborto, la anticoncepción, con quienes pretenden naturalizar comportamientos antinaturales. Es una acción propia de tu militancia por el Reino. Si no confrontas hoy –cuando a nuestros jóvenes se los pretende sodomizar, cuando a nuestros ancianos y enfermos se los aniquila, cuando a nuestros niños se los asesina antes de nacer, cuando se pisotea nuestra fe y se escupe sobre nuestros sagrarios–, si no confrontas ahora, si no luchas ahora, ¿cuándo lo harás?
Para acicate de nuestras adormecidas conciencias, S. S. León XIII dejó estas palabras:
“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”.
Julieta Gabriela Lardies
Delegada RFF – Misiones
Juan Carlos Monedero (h)
Colaborador de la RFF-Misiones
http://apologetica-argentina.blogspot.com.es/2017/04/no-confrontar-proposito-de-una-consigna.html

viernes, 21 de abril de 2017

Mi trabajo

Considero escribir como una especie de trabajo, no tanto en este blog, sino en los otros que tengo de divulgación. Un trabajo poco eficaz por el número de visitas que tengo, pero al fin y al cabo no se trata tanto de cantidad sino de las personas a las que llegues. Si yo supiera que mis post han evitado que alguna mujer aborte ya me daría por satisfecha de la cantidad de horas que he echado. El problema es que seguramente nunca llegaré a saberlo. Así que sigo buscando información y dedicándole mi tiempo sin más motivación que pensar que al menos lo he intentado.

De cuatro a seis de la tarde aproximadamente estoy con los blogs y buscando artículos en facebook.  Por la mañana dedico un tiempo a los enlaces de este blog. En total entre tres y cuatro horas, lo que viene a ser una media jornada laboral. A veces pienso que no tiene sentido tanto esfuerzo pero cuando he intentado dejarlo me he sentido mal. Creo que internet está muy necesitado de opiniones diferentes a la mayoría, aunque luego ellos mismos se ocupen de que no tengan mucha difusión. Pero si no lo hiciera, sentiría que no he puesto nada de mi parte.

miércoles, 19 de abril de 2017

Operación

Cuando creo que ya me encuentro mejor, viene la vida y me pega una patada en la espinilla... Esta vez han sido dos días de hospital por la operación de mi hija de rodilla. Llevo muy mal lo de los hospitales porque todavía me acuerdo de las estancias de mis padres. Lo importante es que ha quedado bien, le han puesto un tendón y no le duele mucho. Le han tenido que hacer dos agujeros en el hueso para atarlo, con anestesia epidural y laparoscopia. Ayer pasó bastante buen día y hoy nos han dado el alta. Ya estamos en casa.

Ahora a ver si tenemos una temporada tranquila (toco madera) porque desde que empezó el año no salimos de sustos. Todavía tienen que ponerle a mi hijo el diente definitivo por el que se rompió. Al menos ahora mi marido no está tan agobiado de trabajo. El mes que viene la pequeña tiene los exámenes finales y me temo que eso va a ser horroroso. Pero en fin, son gajes del oficio de ser padres. Yo en eso soy alemana y pienso que los hijos deberían vivir independientes después de los veinte años para evitar roces, pero esto es lo que hay.

domingo, 16 de abril de 2017

Rezar por el papa Francisco


Intenciones malintencionadas…


Desde Argentina, para el Denzinger-Bergoglio
La intención de oración universal es: ”Para que sean respetados los pueblos indígenas amenazados en su identidad y hasta en su misma existencia”.
La intención para la evangelización es: ”Para que la Iglesia de América Latina y el Caribe, a través de la misión continental, anuncie con ímpetu y entusiasmo renovado el Evangelio.”  (Radio Vaticano, 1 de julio de 2016)
Estas intenciones propuestas por Francisco para hacer oración durante el mes de julio merecen un breve comentario.
Al reflexionar sobre la oración, nos viene a la mente lo que nos narran los Evangelios sobre las numerosas veces que Jesús oró y, muy especialmente, el mandato que nos dio de rezar con las siete peticiones del Padre Nuestro, la oración por excelencia; porque orar es orar como Jesús y según Él nos enseñó.
Pero, claro, además de esas siete peticiones primordiales se pueden suplicar muchísimas otras, de variedad hasta setenta veces siete… Ahora, el “respeto por los pueblos indígenas” es una intención de oración que, venida de la cátedra de Pedro, nos parece un tanto descentrada, digamos, demasiado rebuscada y peligrosamente equívoca.
Después de su resurrección, el Señor encomendó a los apóstoles “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28, 19). Él podría haber también mandado que se valorasen y salvasen las culturas locales, con la vasta secuela de excentricidades antievangélicas que comportan. Pero no nos dio esa consigna. Al contrario, nos dijo que si los pueblos no aceptan el Evangelio hay que salir de ellos sacudiéndose el polvo de las sandalias…
Gracias a la evangelización, la identidad y la misma existencia de muchos pueblos hundidos en el paganismo, en la barbarie y hasta en cultos diabólicos, fueron heridas de muerte con la “espada de la Palabra”, al mismo tiempo en que se regeneraban con enorme beneficio para las almas y los cuerpos de las “víctimas”. Esa es la historia de las naciones americanas gracias a los misioneros venidos de España y de Portugal.
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Esta intención del pontífice es, además, intencionalmente ambigua, ya que da pie a teorías y praxis anticatólicas en las que están empeñados muchos seudo-misioneros indigenistas que deforman y traicionan las enseñanzas de la Iglesia, incluso las del mismo Concilio Vaticano II al que utilizan como escudo para propagar el error.
Si las “semillas del Verbo” -espléndida expresión de San Justino y los Padres de la Iglesia que recogió y potenció el Concilio en varios de sus documentos- están presentes en todos los pueblos, por peor encaminados que puedan encontrarse, se trata precisamente de regarlas, abonarlas, cultivarlas, podarlas, darles oportunidad de que puedan dar a luz a Jesucristo, el Verbo de Dios.
Idolatrar la semilla sin cuidarla y sofocar al Verbo impidiendo que florezca, es lo que pretende una cierta misionología que, con esta intención de oración universal, Francisco acaba propiciando. Es algo evidente.
La identidad de un pueblo vale en la medida en que se geste y brote en sí el ideal del Reino de Dios. ¿No queremos acaso un solo rebaño y un solo pastor? ¿O estaremos apostando por una religión relativista y ecléctica del tipo que predican los teólogos de la liberación?
La llamada intención universal viene ilustrada con un video “El video del papa – Respeto a los pueblos indígenas” en el cual no aparece ningún signo distintivo de la religión católica. En cambio, en los figurantes, diversos atuendos, collares, vinchas, adornos, plumas, aros, pipas… El propio Francisco aparece sin que se le vea, como ya es normal en esta serie de videos, la extraña cruz pectoral que normalmente usa sobre la sotana blanca. Ni una cruz en la pared, ni una imagen de la Virgen en el escritorio. Nada. Parece todo elaborado en un laboratorio de marketing anticristiano.
La joven indígena que aparece ante un micrófono con aires desafiantes es, en realidad, una mediocre actriz maquillada en un estudio televisivo; algunas de las imágenes de los llamados pueblos originarios son chocantes por la barbarie o la sensualidad que expresan. Francisco pide respeto por sus formas de vida y sus tradiciones amenazadas, presentándonos como modelo figuras de dudosa autenticidad y aberrantes.
slide0040_image086¿Respetar qué tradiciones? ¿La antropofagia, la poligamia, el incesto, la idolatría, el satanismo? No lo dice pero sibilinamente lo insinúa. Se diría que Bergoglio profesa la creencia en una inmaculada concepción de esas pobres criaturas junto a las cuales la luz del Evangelio aún no brilló con todo su fulgor.
Mientras Francisco va desmantelando la tradición en los protocolos, liturgias y modales forjados a la luz del Evangelio, quiere salvar indiscriminadamente tradiciones paganas que por su propio dinamismo irán muriendo sin pena ni gloria.
Fore-tribe-man¿Por qué debería salvarse una cultura o tradición específica? Sabemos que la Iglesia es inmortal. Pero no confesamos la creencia de que los pueblos indígenas lo sean o deban serlo también. En la época de Noé, la supervivencia de las formas de vida de aquellos pueblos no estaba en las intenciones de Dios ni de su profeta…
Semejante salvavidas que el Obispo de Roma lanza a esa pobre gente, además de ser anticristiano, es contradictorio, ya que su política de acoger a todo precio y sin discriminación a los refugiados en Europa, conlleva una renuncia a la identidad cristiana y occidental de países que sí están en riesgo de sucumbir ante la avalancha de la fanática barbarie musulmana. Eso no sólo parece no importarle, sino que además lo incentiva, como ya estudió el Denzinger-Bergoglio (Nota del DB: ver aquí).
En la Evangelii Gaudium Francisco anima a los europeos a no tener miedo de perder la propia cultura:
“Los migrantes me plantean un desafío particular por ser Pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos. Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales“. (Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, n. 210, 24 de noviembre de 2013)
¿Porqué estas “nuevas síntesis culturales” solo las quiere Francisco para los pueblos cristianos europeos? ¿Los pueblos indígenas son una raza superior que no puede sufrir ninguna “síntesis cultural”? ¿O es qué las tales “síntesis culturales” sólo le sirven a Francisco para acabar con los restos de la civilización cristiana occidental?
En relación a la intención para la evangelización (Para que la Iglesia de América Latina y el Caribe, a través de la misión continental, anuncie con ímpetu y entusiasmo renovado el Evangelio”) Francisco fija nuevamente su atención en América Latina, ese “fin del mundo” desde dónde se embarcó para llegar a Roma. ¡Claro que en esas latitudes se precisa ímpetu renovado para anunciar el Evangelio!
Pero es curioso que es también en América Latina y el Caribe donde existen pueblos indígenas en los que ciertos misioneros quieren potenciar no precisamente la Buena Nueva que vino de la Europa cristiana, sino un exótico “Evangelio” precolombino.
¿Pensará Francisco que el cristianismo amenazó la identidad y la existencia de los pueblos del nuevo mundo? Muchos de sus amigos piensan eso.
Hay algo atávico y recurrente en Francisco que hace con que permanentemente se vuelva a sus orígenes rioplatenses y amerindianos (por más que lleve sangre y apellido de ancestrales piamonteses), y eso le influye hasta en el momento de poner las intenciones para la Iglesia universal. Es una especie de bloqueo.
La vieja Europa, tan necesitada de oración y de donde vino la fe para los pueblos indígenas de América y del Caribe, no se hace merecedora, por lo visto, de las oraciones del Obispo de Roma ni de los fieles del mundo.
¿Será porque Europa no siguió a rajatabla la consigna bergogliana de acoger sin discriminación a todo y cualquier refugiado? ¿Será porque la Unión Europea está haciendo agua como un barco mal construido? ¿Será porque, según recientes elecciones y encuestas, las derechas se afirman y las izquierdas se estancan o decaen? Esas realidades hieren el corazón de Francisco; lo ha dado a entender.
Lo cierto es que Europa está necesitadísima de oración, sea “universal” o “de evangelización”…
“Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”. (Discurso al Parlamento Europeo, 25 de noviembre de 2014) Estas palabras pronunciadas hace casi dos años son muy graves. Pero no preocupan mayormente al que las hizo. Constata… y pasa a otro tema; no reza ni trabaja para que las cosas sean diferentes; ni pide a los fieles que hagan lo propio.
Otra declaración sintomática de las intenciones bergoglianas: “Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. VATICANO-PREMIO-CARLOMAGNO_11273416Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía.”. (Discurso, 6 de mayo de 2016)
Los sueños de Francisco son verdaderas pesadillas. En su sueño no entra la dimensión de la fe ni la salvación de las almas. Es un sueño de rotario, por no decir de masón.
Sobre la misión con los indígenas, Pío XII tiene un lenguaje muy diferente al de Francisco:
His_Holiness_Pope_Pius_XII-2Queda un punto por tratar, el cual deseamos ardientemente que todos entiendan claramente. La Iglesia, desde sus orígenes hasta nuestros días, ha conseguido siempre la prudentísima norma que, al abrazar los pueblos el Evangelio, no se destruya ni extinga nada de lo bueno, honesto y hermoso que, según su propia índole y genio, cada uno de ellos posee. Pues cuando la Iglesia llama a los pueblos a una condición humana más elevada y a una vida más culta, bajo los auspicios de la religión cristiana, no sigue el ejemplo de los que sin norma ni método cortan la selva frondosa, abaten y destruyen, sino más bien imita a los que injertan en los árboles silvestres la buena rama, a fin de que algún día broten y maduren en ellos frutos más dulces y exquisitos.
La naturaleza humana, aunque inficionada con el pecado original por la miserable caída de Adán, tiene con todo en sí «algo naturalmente cristiano»[17]; lo cual, si es iluminado con la luz divina y alimentado por la gracia de Dios, podrá algún día ser elevado a la verdadera virtud y a la vida sobrenatural.
Por lo cual, la Iglesia católica ni despreció las doctrinas de los paganos ni las rechazó, sino que más bien las libró de todo error e impureza, y las consumó y perfeccionó con la sabiduría cristiana. Arte-nueva-EspanaDe la misma manera acogió benignamente sus artes y disciplinas liberales que habían alcanzado en algunas partes tan alto grado de perfección, las cultivó con diligencia y las elevó a una extrema belleza a la que antes tal vez nunca había llegado. Tampoco suprimió completamente las costumbres típicas de los pueblos y sus instituciones tradicionales, sino que en cierto sentido las santificó; y los mismos días de fiesta, cambiando el modo y la forma, los hizo que sirviesen para celebrar los aniversarios de los mártires y los misterios sagrados. A este propósito escribe muy oportunamente San Basilio: «Como los tintoreros preparan de antemano con ciertos procedimientos lo que hay que teñir, y así fácilmente después le dan el color de púrpura o cualquier otro, de la misma manera nosotros también, si queremos que permanezca indeleble y para siempre en nosotros el esplendor de la virtud, procuraremos en primer lugar iniciarnos en estas artes externas y después aprenderemos las doctrinas sagradas y arcanas; acostumbrados a ver el sol, por decirlo así, en el reflejo del agua, podremos alzar nuestros ojos directamente a la luz… Y así como la vida propia del árbol es producir a su tiempo frutos abundantes, y, sin embargo, las hojas adheridas a los ramos les proporcionan algún ornato, de igual modo el fruto principal del alma es la misma verdad, pero, sin embargo, no es desagradable el adorno de la sabiduría externa, que, como follaje, proporciona al fruto sombra y agradable aspecto. Se dice que Moisés, varón verdaderamente eximio y de gran fama entre todos los hombres por su sabiduría, después de haber ejercitado su espíritu en las enseñanzas de los egipcios, llegó a la contemplación de Aquel que es. De igual manera, posteriormente, del profeta Daniel se refiere que llegó al conocimiento de las doctrinas sagradas después de haber sido instruido en Babilonia en la sabiduría de los caldeos» [18]. (Pío XII, Encíclica Evangelii Praecones, 2 de junio de 1951)
Pío XII apunta a la conversión mediante la salvaguarda de valores autóctonos cristianizados. Francisco a la persistencia del paganismo sin sombra de regeneración. Pero… si no tiene a la luz de la fe como rectora, no se puede esperar algo diferente de lo que él nos propone ¿cómo pedir peras al olmo?
El continente asiático, donde el cristianismo llega apenas al uno por ciento, ¿No sería más que oportuno orar para que la fe de Jesucristo se implante en aquellas latitudes y produzca frutos? No pensarán en el Vaticano que Asia está bien servida con la “riqueza” que aportan tantas religiones y filosofías ancestrales como el budismo, el musulmanismo, el hinduismo… el ateísmo, etc.
De África, mejor no hablemos… su situación tiene rasgos parecidos con la americana, agravados por la falta de arraigo que hasta ahora ha tenido allí el Evangelio, desgraciadamente. La inculturación no dio mayor resultado, o fue mal echa… en todo caso, ¡Cuánta oración necesitan esos pueblos!
Digamos por fin, ¿no sería más propio de un padre y de un pastor pedir oraciones por los pobres venezolanos, los cubanos perseguidos, los sirios masacrados, los niños abortados o los matrimonios deshechos? Parece más políticamente correcto acordarse de los indios; acordarse no para catequizarlos y bautizarlos sino para confirmarlos en su paganismo ancestral. ¿Eso es propio de un padre y de un pastor?
¿Qué nos reserva el futuro? ¿En los meses sucesivos se nos pedirá rezar por cosas tan excéntricas como las focas en extinción, el calentamiento global o contra la especulación bursátil y la economía de mercado?
A la vista de las intenciones por las que el Obispo de Roma nos pide rezar, nos parece que la intención más urgente sería la de rezar por él…
 https://denzingerbergoglio.com/2016/07/09/intenciones-malintencionadas/

viernes, 14 de abril de 2017

Cercanía no es caridad


Una “cercanía” que aleja del Amor


Siempre aprendimos y profesamos que la caridad es la virtud sobrenatural por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. Esta es una maravillosa verdad simple y eterna.
Claro está que definición tan sucinta tiene consecuencias inmensas, porque el desarrollo del amor es tan difusivo como lo es el mismo Dios que “es amor” (1 Juan 4, 8).
Las verdades de la fe y sus reflejos en la vida cristiana deben guardar toda su transparencia, so pena de que el desorden de nuestra naturaleza herida por el pecado transforme progresivamente la doctrina y la praxis cristiana en ideologías y/o en altruismo.
Toca a los pastores, y, por antonomasia, al pastor supremo, custodiar el tesoro de la revelación, de la tradición y del magisterio, para después trasmitirlo a los fieles y formarlos en la vida cristiana.
Es por eso que lo que escribía o decía el Obispo de Roma –así era hasta que comenzó el pontificado actual– tenía una precisión a toda prueba. Encantaba ver no solo la doctrina que se enseñaba en los pronunciamientos papales sino también la seriedad con que eran vehiculados. Era un descanso para el espíritu y un estímulo, suave y fuerte a la vez, para testimoniar la enseñanza que se nos daba.
En los días que corren, a tono con la mentalidad en boga, ya no es así. Supuestamente, con el pretexto de ser directo y simple para poder llegar mejor a las personas, se sacrifica “el esplendor de la verdad” (título de la famosa encíclica de Juan Pablo II), de esa verdad que ya no se enseña como es. Así, los compromisos consecuentes en relación a Dios y al prójimo ya no se asumen con integridad y un sentimentalismo mundano, que puede llegar a arrancar lágrimas pero no a trasformar corazones, se difunde entre la gente. Los católicos se sorprenden y se distancian de la verdad y los no católicos se aproximan de una “neo-verdad”.
Como ejemplo, veamos esta singularidad:
¿Puede decirse que hay un error formal en esta afirmación de Francisco? Probablemente no. Pero la verdad pide no solo esplendor sino también precisión.
El problema ya comienza con la fuente. No es una encíclica, una exhortación o una bula. Es un tuit. Convengamos que lo que cualquiera utiliza para decir lo que siente o lo que quiere (a menudo se vehiculan tantas sandeces por ese medio), no es lo más propio para un pontífice. Pero, de cualquier forma, a ese medio tan extendido se le podría dar un uso útil e interesante.
Ahora, un error o un simple desliz en un documento oficial serían alarmantes y pasarían a la historia. En un tuit, ¿qué valor darles? Pues el que cada uno quiera. Es la manera desconcertante y “virtual” que tiene Francisco de enseñar.
Asimilar la caridad a la cercanía es tan verdadero… como falso. Es gris, es… bergogliano. Es una aproximación demagógica del don y de la virtud más sagrada: la caridad. Porque ser cercano no especifica ni define el valor moral del acto. Dar una caricia o mirar a los ojos a alguien, es una exterioridad que no siempre es sincera y, consecuentemente, no tiene mérito.
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Por ejemplo, acariciar a un perro que salvó vidas en el reciente terremoto, o a un tigre de un circo en la sala Pablo VI, para una conciencia deformada por el sentimentalismo, es percibido como caridad. Un partido de fútbol amistoso por los damnificados o los refugiados, no es objetivamente un acto de caridad, pero así son llevados a verlo los futbolistas y deportistas que desfilan sin cesar por Santa Marta. Y seguramente se queden con sus conciencias tranquilas por esa aparición que no tiene más valor que el publicitario y demagógico.
También la extraña innovación de lavar los pies en un jueves santo a musulmanes, denota indiscutiblemente una cercanía hacia los seguidores del profeta del Islam, pero ¿es ese gesto, propiamente, un acto de caridad? Si lo hiciera a cardenales o a monaguillos ¿sería menos caritativo?
El “cuidado de la casa común”, que ahora Francisco nos dice que quiere agregar a las tradicionales obras de misericordia (se trata del uso prudente del plástico, del papel, de los residuos, de la energía, usar transporte público… etc.), también sería caridad y cercanía a la creación y a los demás. ¿Aunque no se lo haga por amor de Dios? Este punto es importante porque determina lo que es o no es caridad. Su llamada “revolución de la ternura” que lo lleva a abrazar y a besar a miles, ¿se confunde con la caridad cristiana? Parece que, en su manera de ver, sí.
Esta percepción deja sobreentendido que exhortar con valentía y contra-corriente, censurar los males del tiempo o excomulgar cuando es necesario, cosas que siempre han hecho los Papas, es contrario a la caridad y a la cercanía…
¿Cómo es eso de “hacerse cercano a las periferias de los hombres y las mujeres que nos encontramos todos los días”? La cosa no está nada clara. Se diría que esos hombres y mujeres no son cercanos, están en las periferias, por eso hay que acercarse a ellos. Pero luego agrega “que nos encontramos todos los días”. Entonces son a la vez periféricos y cotidianos, lejanos y cercanos… Esto es un enigma que ni el rey Salomón con toda su legendaria sabiduría resolvería.
Un inocente tuit que, según se publica, es leído por millones de “seguidores” puede ser tan venenoso, por lo sutil y sibilino, como las 95 tesis de Lutero clavadas en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg.
En fin, estas intervenciones no son nuevas. Llevamos ya más de tres pesados años presenciándolas.
Veamos otro ejemplo significativo del pensamiento gris, flexible e incompleto de Francisco de hace un año: predicando en Santa Marta inducía a los fieles a la impenitencia:
“¡Dios no puede no amar! Ésta es nuestra seguridad. Yo puedo rechazar ese amor, puedo rechazar como rechazó el buen ladrón, hasta el final de su vida. Pero, allí lo esperaba ese amor. El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre, de papá. Y, como dice Pablo, como dice el Evangelio, como dice Jesús: ‘Como una clueca con sus polluelos’. Y Dios el Poderoso, el Creador puede hacer todo: ¡Dios llora! En este llanto de Jesús sobre Jerusalén, en esas lágrimas, está todo el amor de Dios. Dios llora por mí, cuando me alejo; Dios llora por cada uno de nosotros; Dios llora por los malvados, que hacen tantas cosas feas, tanto mal a la humanidad… Espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!”. (Radio Vaticana)
La ternura de Dios es nuestra seguridad. Entonces, estemos tranquilos y seguros. Podemos rechazar el amor como lo rechazó el buen ladrón “hasta el final de su vida”, dice. Pero… ¿y el mal ladrón? ¿Acaso Dios no lo amaba? ¿O el amor de Dios es inútil? ¿El amor para Francisco no pide retribución?
Dios llora cuando me alejo”, sí, pero llora de tristeza, no de alegría. Él nos quiere próximos, íntimos, como el padre de la parábola del hijo pródigo. “Dios llora por los malvados que hacen tantas cosas feas” pero resulta que como no condena, tan solo acaricia con ternura esos corazones llenos de odio y los salva igual.
¿A qué lleva ese discurso sino a la creencia en un Dios bergogliano que acepta el mal y que “no condena”?
Estas afirmaciones (y tantísimas otras como que Cristo fracasó en la cruz, que el pobre Judas de arrepintió, que no existe un Dios católico o que las intervenciones de Martín Lutero no eran equivocadas, que eran inteligentes y que fueron una medicina para la Iglesia) son espantosamente erróneas. Deforman y encadenan a la verdad y a la noción de misericordia confundiendo al pueblo fiel.
Pero, como escribió San Pablo a Timoteo, ¡la verdad no está encadenada…!

https://denzingerbergoglio.com/2016/09/08/una-cercania-que-aleja-del-amor/