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lunes, 19 de noviembre de 2018

La impotencia mental

Por no confundirla con la física, que luego me entra aquí de todo. Si algo se aprende con los años es que no puedes conseguir todo lo que quieres. Da igual que lo tengas clarísimo desde el principio porque es que no depende sólo de ti. Hace diez años yo estaba convencida de haber educado muy bien a mis hijos y que nada podía salir mal. La vida me ha enseñado que hay imprevistos que no puedes evitar. Una vez que fue mi hija mayor a esquiar y se estrelló y casi se mata. Cinco costillas rotas por ocho sitios y un neumotorax. Por eso precisamente nunca les había dejado ir antes.

Pero hay quien esquía todos los días de su vida y nunca le pasa nada. Yo en eso siempre he seguido la máxima de piensa mal y acertarás y casi siempre he acertado. Por eso ahora ya no me atrevo a planificar nada. He llegado a la conclusión de que no está en mi destino tener éxito. Dentro de lo que cabe, con todos mis problemas, se puede decir que ya he conseguido demasiado y debería darme por satisfecha. Pero tengo un duendecillo dentro que siempre quiere más. Al menos ver a mis hijos colocados, con familia y a ser posible cerca de casa. Me temo que sigo pidiendo demasiado.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Discriminaciones

Estamos un poco obsesionados con este tema. Bastantes discriminaciones reales hay en el mundo para andar inventando más. El otro día en una serie criminal decían que habían matado a un chico por ser sordo. Lo cierto es que lo habían matado porque no contestaba y precisamente porque no sabían que era sordo. Cuando en Suecia intentan justificar que los inmigrantes musulmanes violen chicas, les hacen un flaco favor. Con esa actitud están dando a entender que es algo normal para ellos. Decir que un chino, un homosexual o un gitano han cometido un delito no es discriminar, es narrar los hechos.

La asesina del niño Gabriel no es atacada por todos por ser negra, como dicen algunos, sino porque mató a un niño con un martillo. Lo que es injustificable es que sus propios padres intenten quitarle importancia. Eso es antinatural. Parece que la ideología pueda más que el amor. Otra cosa es que se quiera aprovechar estos hechos para decir que todos los inmigrantes son criminales. Pero no se puede negar que entre millones de personas, algunos sí que lo sean. Esconder la cabeza debajo del ala no soluciona nada. Y mientras los cristianos siguen siendo martirizados en muchos lugares y a nadie le importa.

Pero si eres hombre, blanco, cristiano y heterosexual, más te vale no meterte en líos porque nadie te va a defender.

jueves, 15 de noviembre de 2018

La hija de Cayetana. Carmen Posadas

No suelo leer libros pero nunca me pierdo los de Carmen Posadas porque sé que me enganchan. Este es un libro ameno, entretenido y a la vez muy interesante porque describe una época de la historia de España poco conocida. Se ve que la autora se ha documentado muy bien. Narra la historia de una niña mulata a la que la Duquesa de Alba recibió como un regalo y acabó adoptando como una hija. Al mismo tiempo cuenta las vicisitudes de su verdadera madre intentando localizar al padre y a la niña. Esta parte supongo que está más novelada.

De pequeña solía leer libros sin parar, algunos no propios para mi edad. Después, con el tiempo y las vicisitudes de la vida la verdad es que me cuesta mucho concentrarme y encontrar uno que me enganche. Me he leído el libro en dos días y muchas horas, porque no podía dejarlo. Y esa es la mejor recomendación que puedo dar. Siempre me pasa con los libros de esta autora, así que es una apuesta segura. Por eso voy a encargar el último que ha sacado que se llama La maestra de títeres. Ya os contaré si también me ha gustado como éste.

De problema en problema

Tras ocho neumonías diagnosticadas de mis hijos, y el asma de la niña mayor que me obligaba a levantarme todas las noches a darle un jarabe de codeína; resulta que la pequeña a los siete años enfermó de púrpura, que es algo bastante grave. De manera que cuando se costipaba se le inflamaban los vasos sanguíneos. Al tiempo descubrí que la única manera de evitarlo era darle antibiótico continuamente. Pero el problema es que, como sólo lo venden con receta, eso nos obligaba a pequeñas mentiras y viajes repentinos a Madrid a visitar nuevas farmacias.

Afortunadamente se le pasó, al tiempo que el mayor y luego la pequeña se rompieron sendos brazos en el patio de casa, practicamente en el mismo sitio. Luego al chico lo operaron de apendicitis de urgencia. Mientas tuvimos que comprar una máquina de aerosoles porque los tres la necesitaban. Después de una varicela que afectó a los dos mayores y mi marido, que estuvo fatal, me tocó el turno a mí, que visité el hospital, una vez por gastritis,otra por vértigos y otra por diverticulitis. Cuando ya parecía que lo peor había pasado, empezaron a enfermar nuestros parientes.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

El regreso de la inspiración

Me abandonó hará unos tres años, tras la muerte de mis padres, y no ha sido hasta ahora que he empezado a notar su regreso. Siempre me han pasado cosas extrañas, así que ya no me sorprendo de nada, como de que me pasara el día escribiendo y de pronto no me saliera ya ni una línea. Creo bastante en el destino; eso de que, si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos. Aunque como yo suelo decir, creo que nací más bien para clavo, si no no se explican todas las cosas que me han ocurrido a lo largo de la vida.

Por ejemplo, mis tres embarazos y tres partos fueron un desastre.  El primero lo pasé vomitando y con riesgo de preclamsia, el segundo con ciática y el tercero con calambres continuos. Los dos primeros partos con ventosa. El niño nació con una hendidura en el paladar y la niña con una contractura en el cuello y soplo cardiaco. Además los dos tuvieron cólicos y apenas dormían. La tercera fue muy tranquila hasta los seis meses pero después se volvió noctámbula y no había quien la acostara. Aparte, los tres empalmaban bronquitis y neumonías con toda naturalidad.

martes, 13 de noviembre de 2018

La vida de un ama de casa

Una vez me enfadé con un escritor famoso porque decía que la vida de un ama de casa era tediosa y no aportaba nada a su marido. Se ve que él no lee este blog y otros muchos o sabría que las apariencias engañan y la persona más insulsa puede guardar las experiencias más inesperadas. No me gusta hablar de la parte más truculenta de mi historia, pero ya sabéis que morí al poco de nacer y me resucitaron, cosa que me dejó algunas secuelas. Pero no había hecho más que empezar porque antes de los diez años ya había presenciado un intento de suicidio.

Tendría unos doce la primera vez que intentaron matarme, aunque no sería hasta los veinte el intento más serio, que no el último. A continuación a los veinticinco tuve un embarazo de riesgo, a los treinta estuve a punto de perder a mi hija mediana, a los treinta y cinco al mayor y a los cuarenta a la pequeña. No se puede decir que no haya tenido una vida emocionante. Más de lo que yo quería. Para que luego venga un señor escritor, con su vida monótona y acomodada a decirme que no tengo nada que contar. El problema no es que no tenga, sino que no quiero.

lunes, 12 de noviembre de 2018

El copo de nieve

He encontrado un canal de you tube muy interesante que se llama Psico vlog. Resulta que ahí hablaba de algo que me dijeron el otro día, que yo era un copo de nieve único y delicado. Me gustó mucho pero no es cierto. Quiero decir que nadie somos tan especiales. Todos somos únicos, es cierto, pero muy parecidos y eso de sentirse especial puede ser un problema a la hora de afrontar la realidad porque lleva al victimismo. Porque cuando uno creo que merece algo mejor, en cierto modo que la vida, o el gobierno o la gente le debe algo, eso lleva a convertirse en un narcisista.

Por desgracia, cada cual debe buscarse sus propias habichuelas y la vida depende mucho del esfuerzo que hagas por mejorar. No puedes esperar que las cosas te caigan del cielo porque lo mereces, porque yo lo valgo. No puedes vivir esperando un milagro. Somos granos de arena en una playa y lo normal es que sólo afectemos a los granos de alrededor y el resto del mundo ni se inmute. Cuando uno vive pensando que es especial y por tanto todo lo que desea lo puede conseguir, lo normal es que acabe amargado y frustrado y culpando a los demás de sus problemas.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Prosopagnosia

Llamada también ceguera social consiste en la incapacidad de reconocer el rostro de las personas. Sin llegar al nivel de no recordar a tus parientes, yo también tengo algo de eso, puesto que tras seis meses de clases no recuerdo los nombres de mis compañeros y, si los veo fuera de contexto, no sé de qué les conozco. Lo cual resulta muy incómodo. Supongo que es debido a que me faltó oxígeno en el cerebro cuando era niña. Eso también explica mi nulo sentido de orientación. Tanto es así que, si entro sola en el Corte Inglés, luego tengo que preguntar para encontrar la salida.

Es una de las razones por las que no conduzco nunca en Madrid. Me perdería a la vuelta de la esquina. Además luego no sabría encontrar dónde he aparcado el coche. Tampoco puedo seguir un Gps. La causa no es mi edad sino que siempre ha sido así, aunque la verdad es que no le daba demasiada importancia. Lo tenía asumido. Pero naturalmente limita mucho mi vida social. Afortunadamente mi marido sabe que tiene que llevarme y traerme como si fuera una niña pequeña. El otro día mi hija me pidió que la recogiera del aeropuerto y sintiéndolo mucho le tuve que decir que era incapaz.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Ni ver, ni oir, ni hablar

Siguiendo la máxima budista hace ya unos años que no veo bien, ni de cerca ni de lejos, ni con gafas. Por otra parte, tengo sordera social, no oigo bien cuando hay mucha gente. Esta semana además tengo un oído tapado. Y, como ya sabéis, tengo poquita voz y aguda, por lo cual la gente no suele oírme bien y menos si hay ruido de fondo. Así, que eso contribuye a mi aislamiento social, porque cuando voy a comer a un restaurante, por ejemplo, no distingo las conversaciones. Por otro lado, al conducir de noche, como tengo fotofobia desde siempre, me deslumbran las luces y procuro no hacerlo.

Entre eso, y que mis rodillas ya no dan para mucho más, soy una candidata perfecta a acabar aislada en casa. No es una cosa que me preocupe demasiado porque nunca he sido muy activa, pero sí que sentiría no poder viajar de vez en cuando. Si no ver, no oir y callar es una virtud desde luego yo voy para virtuosa, pero hace que en las reuniones me aburra bastante. por eso siempre procuro que no sean de más de seis personas. Por suerte, en internet, eso no tiene importancia, porque puedo comunicarme sin restricciones a pesar de mi limitaciones.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La zafiedad o el anuncio de fútbol

He visto varias veces un anuncio de fútbol de una empresa de telefonía que representa para mí todo lo que detesto. Aparece un forofo de ese deporte haciéndose pintar la cara de sus colores por su hija y luego implicando a su hijo en las celebraciones. La clase de persona que llora cuando pierde su equipo porque lo aprecia más que a su madre. Que hoy puede ser el fútbol y mañana cualquier otra cosa porque el caso es dejarse llevar para no pensar en lo que está bien y lo que está mal. Víctima propicia de cualquier populismo. Una persona que sólo sabe ir en manada.

Asiduo seguidor de realities de cualquier tipo, que lo mismo hoy es la música y mañana la cocina. Es el tipo de persona que se deja llevar por el sol que más calienta en cada momento. No me gusta nada que hagan un anuncio dirigido precisamente a esa clase de gente monotema, favoreciendo su actitud. No digo que la televisión tenga que ser educativa, pero tampoco está para favorecer los vicios. Y ya he hablado alguna vez de los anuncios de juego, que me parecen peor todavía. Eso es ir a lo fácil, a lo que vende y por desgracia funciona. Nadie quiere hoy en día que le hagan reflexionar.