Google+ Followers

viernes, 28 de abril de 2017

Un mundo feliz

por Sonia Vázquez

“Dios no es compatible con el maquinismo, la medicina científica y la felicidad universal. Es preciso elegir. Nuestra civilización ha elegido el maquinismo, la medicina y la felicidad. Por esto tengo que guardar estos libros encerrados en el arca de seguridad. Resultan indecentes” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)

Y los libros encerrados bajo llave, no eran otros que la Biblia y la Imitación de Cristo. Esto es lo que describió Aldous Huxley en su mítica obra, “Un mundo feliz”. Recuerdo cuando era adolescente y todo esto nos parecía una obra de ciencia ficción, algo que ni por asomo podía ser real. Hace tiempo que campaneaban en mi cabeza algunos fragmentos de aquella lectura y decidí releerlo. Despertábamos al mundo y con quince años estas páginas nos parecían algo futurista e imposible, nos causaba entre risa y asombro, pero en estos momentos y sin temor a equivocarnos podemos decir que lo que relató Huxley en el año 1932, es real y considerado como normal. Los hijos se tienen en laboratorios y el mundo, supuestamente, es feliz.
En este libro se planteaba un mundo de inseminaciones artificiales a la carta, se buscaba una “sociedad perfecta” y para ello, era necesario vivir de espaldas a Dios, o mejor dicho, sin ni siquiera conocer a Dios, se ocultaba toda información que llevara a Él. Lo mismo que sucede a diario cuando, por ejemplo, nos retiran los crucifijos de los lugares públicos, o cuando vemos Iglesias de nueva construcción en las que, fomentando lo que se llama ecumenismo, retiran el verdadero sentido Cristiano de nuestra vida, Templos que parecen oficinas de correos. Queridos, en nuestros días no existe libertad, vivimos una dictadura mundial gobernada por un dictador, ¿Saben quién es? El demonio, sí, el mismo Lucifer que sentado sobre una silla gestatoria nos seduce con las pasiones corporales, nos empuja a vivir en pecado mortal y nos priva de conocer  a Dios. Sí, vivimos una dictadura como no se recuerda ninguna otra y sin embargo, nadie, absolutamente nadie dentro de la Iglesia, nos alerta sobre él.
¿Vds. se han fijado que con relación al tema de las inseminaciones, tan de moda tener hijos en laboratorio, nos presentan hasta clínicas y médicos que quieren presentarlo como algo pío, “sanatorios católicos”? Sí, sanatorios financiados por Católicos, esa es la palabra.
“Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos Fecundadores se hallaban entregados a su trabajo…
Ahora cabía tener la seguridad de conseguir como mínimo ciento cincuenta óvulos maduros en dos años. Aseguraban una producción media de casi once mil hermanos y hermanas en ciento cincuenta grupos de mellizos idénticos; y todo ello en el plazo de dos años. Y, en casos excepcionales, podemos lograr que un solo ovario produzca más de quince mil individuos adultos” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Un mundo sin dolor, sin enfermedades, sin tristezas, esta era la temática del libro, lo que planteaba no era más que un mundo sin Dios… ¿Es eso un mundo feliz?
“Si ustedes se permitieran pensar en Dios, no se permitirían a sí mismo dejarse degradar por los vicios agradables. Tendrían una razón para soportar las cosas con paciencia. Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables
– Pero Dios es la razón que justifica todo lo que es noble, bello y heroico. Si ustedes tuvieran un Dios…

– Mi joven y querido amigo – dijo Mustafá Mond -, la civilización no tiene ninguna necesidad de nobleza ni de heroísmo. Ambas cosas son síntomas de ineficacia política” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Leía estos días en la prensa que las cortes españolas han aprobado la admisión a trámite de una proposición de ley sobre “muerte digna”. Según nuestros políticos “se defiende la igualdad de todos los españoles, también para morir” y se presenta esta ley para proteger a los ciudadanos del “enseñamiento terapéutico”. Podríamos poner miles y miles de casos contando lo que está sucediendo no sólo en nuestros hospitales, sino en nuestras familias, que esto es lo más grave. Amparados por frases tipo: “para que no sufra”, nos encontramos con que se está acabando con la vida de las personas no de una manera natural, quizás tampoco se pueda decir “asesinato” porque alguno podría escandalizarse, llamémoslo eutanasia camuflada. Si actualmente estás cinco días, supuestamente, agonizando, pretenden que en un día se termine todo, me imagino a nuestros médicos diciendo: “su estado es irrecuperable, programaremos todo para exterminarlo a media noche, pueden marcharse a descansar, ya nos encargamos de todo y les enviamos el cadáver al Tanatorio el último adiós”. A mi también me daba la risa leyendo “Un mundo feliz”…
Hace unos meses acudí a visitar a una persona enferma en un hospital, su aspecto me llamó la atención, ya que los hijos me dijeron que era cuestión de horas y observándolo, nada hacía presagiar una muerte inminente. Cuando vino uno de los familiares me explicó que lo iban a sedar y a partir de ese momento, sería cuestión de horas. En ese momento, entendí todo, iban a liquidar al enfermo, pero hoy en día todo se hace poéticamente, “sedación, que no sufra, sueño,…”. Un ahorro para la sanidad pública y un descanso para la familia que se quita la “carga” de encima. ¿Cuántos ancianos mueren en su casa hoy en día? Hablo de España donde la mayor parte de la población, el 95 por ciento, fallecen en los hospitales y esto es, en general, porque no estamos preparados para afrontar la muerte, no sabemos “acompañar”, los familiares quieren que los servicios sanitarios le hagan algo al moribundo ¿algo como qué, ponerle una inyección y matarlo? Escuchaba hace unos días “lo he llevado al hospital porque no quería que muriese en casa, ¡vaya recuerdo!”. ¡Miren Vds.! Como si el alma del difunto fuese a pasear en pijama durante las noches de invierno por el salón. ¡Qué inmaduros somos! Y lo peor y lamentable es que estos comentarios vienen de personas que se les supone Católicos, pero ¿de qué hablan nuestros Sacerdotes en las homilías, de qué hablan los Obispos, de qué habla el Papa de Roma? El pueblo de Dios está flojo, está como un higo flácido que se cae del árbol, así estamos.
Vientres de alquiler, inseminación artificial, ensañamiento terapéutico, eutanasia, aborto, relaciones homosexuales, divorcios, infidelidades y todo esto ¿para ser feliz?
“Arte, ciencia… Creo que han pagado ustedes un precio muy elevado por su felicidad – dijo el Salvaje, cuando quedaron a solas -. ¿Algo más, acaso?
– Pues… la religión, desde luego – contestó el Interventor -. Antes de la Guerra de los Nueve Años había una cosa llamada… Dios” (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Y yo les pregunto, mis queridos lectores. ¿Qué lugar le reservamos a Dios en nuestro mundo, en nuestra vida? Ninguno. Buscamos satisfacer al cuerpo, le ofrecemos placer nada más. Aquello que nos es agradable lo mantenemos y lo que nos resulta desagradable lo desechamos de nuestra vida, sean personas, cosas o animales.
No lloramos por nuestros familiares fallecidos, no ofrecemos Misas, nos resulta indiferente su destino, nos viene bien el sermón del cura de turno que nos dice que están en la Gloria de Dios. Perfectamente válido, no perdemos ni un minuto más. El cadáver lo dejamos en manos de las funerarias que hoy en día organizan todo para que pase cuanto antes y te enteres lo mínimo posible.

El que no puede tener hijos, contacte inmediatamente con el laboratorio más cercano para que se lo solucionen vía cheque bancario, aquello de aceptar la voluntad de Dios ya no está en los planes del hombre.
Al que le moleste el abuelo que encargue una eutanasia y así ya nos ahorramos hasta ir el fin de semana a visitarlo a la residencia.
Si el bebé presenta una malformación en el feto, provoquen un aborto inmediatamente, los hijos que sean lo que una sociedad considera como perfectos. Lo que en otros tiempos se condenó, hoy se ensalza: “generaciones de rubios y ojos azules”. Islandia se engrandece públicamente de ser el primer país sin nacimientos con síndrome de Down, ¿Cuál es el número de niños asesinados en el vientre de su madre? ¿Se pueden contar o la cantidad es tan indecente y escandalosa que desborda todas las estadísticas de la historia?
Si nuestra naturaleza caída nos pide sexo, démosle todo y más, desechemos la castidad y vivamos la promiscuidad total y absoluta y no juzguemos ningún tipo de inclinación, “¿Quién soy yo para juzgar?”, como diría el Obispo de Roma, todo está bien y todo es válido, para ejemplo, precisamente, él mismo, que hace unas semanas abría las puertas vaticanas a un presidente de estado y a su pareja…Con este gobierno de la Iglesia, ¿Cómo estarán nuestras almas? Muy sencillo, corrompidas. No tenemos ni idea de lo que es pecado y de lo que es vivir en estado de Gracia. El que tiene que dar ejemplo aplaude todo tipo de actitudes pecaminosas, ensalza el pecado mortal.
Me hace gracia cuando leo a los “nuevos” teólogos del siglo XXI, esos que hablan de “infantilismo” en cuanto a vivir la religión según la Tradición, esos mismos que hablan de “bendecir el pan” en lugar de utilizar la palabra “Transubstanciación”, estos mismos que son los pioneros a la hora de acoger en sus parroquias todo tipo de desechos y proponerlos como modelos a seguir. Esos, justamente, los que retiran los catecismos tradicionales de sus sacristías son los que tratan a sus feligreses como niños que acuden a un jardín de infancia donde todo vale y todo está bien. ¿Puede un Católico justificar la eutanasia, el aborto, la inseminación artificial, las relaciones fuera del matrimonio, el divorcio, las relaciones homosexuales? El hacerlo sólo demuestra el nivel cultural interior que tenemos a día de hoy, un termómetro que nos dice que el alma tiene fiebre, está enferma. Si están en este caso, pónganle inmediatamente remedio, ¿Quieren la medicina? Sigan la Tradición de la Iglesia.
Ciertamente un alma floja no puede vivir anclada en Cristo, preferirá estar en un puesto cómodo, como tantos que se reían mientras el Señor subía con la cruz al Calvario, pero ¿qué sucederá en el día final? ¿Qué le diremos cuando estemos cara a cara con Él, le diremos que los médicos nos convencieron para acabar con la vida de mamá y que nosotros no sabíamos?…¿le explicaremos que la llevamos al asilo porque no podíamos hacernos cargo de ella por nuestra vida tan ocupada?…¿le diremos que nos separamos porque encontramos a otra persona que nos hacía más felices?…no tuvimos más hijos porque ya era más que suficiente para poder vivir holgadamente…decidimos someternos a una inseminación porque queríamos un hijo más y el cura nos dijo que no tenía nada de malo ir a esa clínica…Todo al gusto del hombre, nada a la voluntad de Dios, esta es la sociedad actual.
Permítanme una pequeña reflexión…Por las mañanas cuando salgo a pasear con Pastor por el bosque, con mi perro, veo ante mis ojos la obra de Dios en su plenitud, nada más hermoso y bello que lo que Él creó para nosotros, la naturaleza en estado puro, en estado salvaje. Simplemente avanzando un poco, unos pocos pasos, encuentro la obra del hombre, escombros en medio de parajes singulares. Así empezó todo, primero se tiró un papel, después directamente la basura y cuando miramos a nuestros alrededor no queda apenas nada de la belleza de la Creación…Esto mismo ha sucedido en nuestro mundo, un día nuestros políticos dejaron de ser Católicos, nuestros Obispos también y nuestras almas…Dios las guarde en Su Sagrado Corazón.
“Pero si usted conoce a Dios, ¿por qué no se lo dice a los demás? – preguntó el Salvaje, indignado -. ¿Por qué no les da a leer estos libros que tratan de Dios? (Un mundo feliz, Aldous Huxley)
Sonia Vázquez
 https://adelantelafe.com/un-mundo-feliz/

6 comentarios:

  1. Un mundo feliz y esta al alcance de todos, el libro y la felicidad. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Tomo nota, gracias Susana. Una entrada muy interesante.
    Besitos.

    ResponderEliminar
  3. Noto en el escrito de esta señora, que supuestamente es muy feliz, ya que sus palabras emanan felicidad y comprensión hacia lo que le rodea. Lo único cierto es que tenemos que tener paz interior y dejar a las personas que decidan por si mismas. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ser feliz sin pensar es vivir como una planta. Un beso.

      Eliminar